miércoles, 18 de junio de 2008

EL REENCUENTRO




Los hermanos entraron en la casa donde su madre les esperaba. Su madre estaba preocupada por los dos. Ella les abrazó y lloró mucho mientras los abrazaba.


La madre les preguntaba haber si estaban bien. Sus hijos le que estaban muy bien. Cuervo tenía un asunto pendiente que decirle a su madre. Él desde hace mucho tiempo había notado como su cuerpo y su mente era diferentes a la de los demás. Le dijo que algunos compañeros le miraban como si fuera un bicho raro. Aunque después de esta aventura le daba igual ser un bicho raro puesto que se había dado cuenta de que podía hacer cosas que sus compañeros no hacen. Sin embargo, dijo que le gustaría saber quienes son sus padres y porque era un poco raro. Entonces su madre le contesto:


- Vale te contaré la verdadera historia hijo.


- Hace muchos años vivían unos elfos legendarios cuyo su objetivo era proteger el planeta Ikañi. Los legendarios fueron atacados por unos seres llamados Trasgos. Tu padre se fue a la guerra contra esos inmundos seres y mientras tu madre, que era humana, cuidaba de vosotros dos. Pero un día, un trasgo atacó por sorpresa a tu madre. Antes de que le atacara, tu madre os tenía en una cesta. Tu madre sufrió un duro castigo de un trasgo que le llevaría a la muerte. Antes de morir, os dejo en el río. Vosotros dos lentamente fuisteis arrastrados por las aguas hacia la ciudad elfa. Erais muy pequeños cuando pasó eso. Yo, vuestra madre adoptiva, fui al río a beber agua y así fue como os encontré a vosotros dos en una cesta. Entonces os recogí del río. Después os cuidé con todo mi cariño. Entonces comenzó vuestra aventura en el poblado elfo.
- Y así vuestra pequeña historia.

- ¿Y dónde esta nuestro padre?- Pregunto Cuervo.

- No se sabe del paradero de vuestro padre. Algunas leyendas dicen que murió, otras dicen que esta vivo – Dijo la madre. Aquí tenéis su dibujo:




BATALLA DE TITANES

Cuervo tiró la espada que estaba cubierta de oscuridad. Además, se le hacía incómodo tenerla en la mano. Lagarto suspiraba tranquilo porque pronto acabaría todo.
Los dos hermanos se fueron a la casa de su madre para tranquilizarla. Lagarto le dijo a su madre que cuervo había estado poseído por la capa. La madre se sintió feliz de ver a sus dos hijos unidos. Pero también se sintió enfadada por lo que ocurría en el pueblo que se encontraba en llamas y destrozado. Sin embargo, no le dio importancia por que estaba poseído y no sabía lo que hacía. La madre le dijo:
- Creo que estamos perdiendo tropas y vosotros sois los únicos que podéis acabar con los orcos, la península de Ikañi depende de vuestro poder.

- Vale, madre -dijeron al unísono.

De repente cuando los hermanos salieron de la casa miraron al cielo. Tenían una corazonada, notaban como si las nubes estuvieran muriéndose. Pronto empezaron los relámpagos y lo truenos. La guerra de humanos contra orcos iba muy mal y los relámpagos que iban cayendo casi siempre a algún humano. Los orcos tenían suerte de que ningún relámpago les diera. Los relámpagos debilitaban las tropas humanas. Después cayeron también meteoritos de fuego desde los cielos, unos eran de fuego y otros eran de oscuridad. Cuervo y lagarto dijeron:

- Esto parece ser el fin del mundo.

Si Lagarto. Bueno, vamos a la guerra que nos necesitan. Cuervo dijo:
- Vale.

Los dos iban rápidamente, porque los humanos pedían refuerzos. Nada más dar un paso, cayó desde el cielo un enorme meteorito que se fusiono fantásticamente con la capa negra. La capa maldita se tragó el meteorito y segundos más tarde hubo una especie de explosión. Lagarto se impresionó al ver que la capa se tragó el meteorito y le pregunto una y otra vez, compulsivamente, como podía haber sido posible todo aquello. Cuervo opinó:
- No se, pero a mi ya no me impresiona nada, además he visto cosas más raras aún. Bueno, vamos a ver que pasa con la capa.

- Vale- Respondió Lagarto.

Los dos fueron a ver lo que pasaba.

El meteorito tenía cosas extrañas incrustadas, entre ellas Criptonita. La capa al absorber el meteorito tenía mucho más poder y tenía la asombrosa capacidad de volar sola. Poco a poco, la capa se iba convirtiendo en un ser monstruoso, el cual tenía la miserable misión de aniquilar a todos los elfos y humanos de la península Ikañi.

Por fin, la capa se transformó en un orco gigante. Medía más de diez metros, era muy repugnante y tenia unos poderes impresionantes.

Cuervo nada más ver el cuerpo del orco repugnante dijo:

- Que es esa cosa tan gigante, estoy impresionado y un poco asustado.

- ¿ Estas asustado?. Antes eras un poco más fanfarrón , pero ahora estas asustado. ¿Qué te sucede?- Le pregunto Lagarto.

Cuervo le respondió que seguramente sucedió por el maléfico poder de la capa. Ahora esa capa que provocaba la fanfarronería a Cuervo se había convertido en un gran Orco al que debería de dar caza.

El orco vocifero con voz ronca:
Vais a morir patéticos elfos y humanos, todos vais a morir, os aplastaré a todos como insectos que sois.

El orco tiró una inmensa bola de fuego de su boca y rodeó a Cuervo y a Lagarto junto a él. No tenían ninguna salida.

Cuervo dijo:

- Que calor hace aquí y no tenemos salida. No nos queda más remedio que atacar como sea.
- Vale, vamos a comprobar que fuerza tiene.

Los hermanos se pusieron a correr hacia el orco. Uno se puso a la derecha y el otro a la izquierda. Pero al orco solo le hacían cosquillas . Hacían de todo para acabar con él pero era muy difícil. Parecía inmortal, ningún ataque le afectaba, pero ellos seguían intentándolo.

Cuervo saltó muy alto para darle un espadazo por la espalda. Entonces Cuervo grito sin miedo:
¡Esto es por el mundo de Ikañi !
El orco no le dejó acabar la frase y le arreo un guantazo. Cayó al suelo y recibió un buen golpe y dijo medio atontado:
¡Ahhh! ¡Qué daño!. Intenta acabar con el Lagarto convirtiéndote en un Elfo Legendario.

- Vale hermano, lo haré por Ikañi.

El Orco sonrió y dijo:
Vaya poderes más flojos. ¿Eso es todo lo que podéis hacer?. ¡Ja, Ja! Vais a morir.

Lagarto grito fuertemente y aumento todo su poderío hasta que se convirtió en un elfo legendario. Los elfos legendarios tienen un cuerpo musculoso y poderoso, su pelo se convierte en rojo allamarado, largo. Tienen tanta magia negra como blanca. Son verdaderamente fuertes.

El orco al ver esta transformación se quedó impresionado durante unos segundos. En este tiempo los dos hermanos se dirigieron una mirada de cómplices. Entonces lagarto Lanzó un rayo curativo hacía el corazón de su hermano. En pocos segundos Cuervo había recuperado todo su esplendor.

El orco intento atacar nuevamente a cuervo. Sien embargo, Cuervo esquivó todos sus golpes. Mientas, poco a poco, la rabia iba aumentando en él. Esta rabia aumentó tanto que Cuervo deseó librarse de ella a través de su piel. Cerro sus ojos y al abrirlos encontró una paz que nunca habría experimentado antes: Se había convertido en un elfo legendario muy poderoso.

Se comenta que los elfos legendarios existían en Ikañi hacía miles de años y que su misión era defender los planetas frente a los invasores. Esta vez se estaba cumpliendo la profecía de nuevo. Cuervo se miró los brazos y se sintió muy bien. Estaba muy musculoso. Lagarto se quedó también sorprendido al ver a su hermano. Pensaba que solo él se podía convertir en elfo legendario.

Los dos hermanos furiosos dijeron al unísono:

¡ Despídete de tu miserable vida, todos los orcos vais a morir! - Respondieron los dos.

El orco se rió sin parar:

Los dos hermanos crearon muchos rayos en el cielo, mientas el orco preparaba su ataque. Entonces los hermanos gritaron:
- Morid miserables orcos.

Entonces los rayos cayeron desde los cielos. Los orcos morían uno a uno hasta que murieron todos. Todos los humanos se quedaron pasmados y después se alegraron.

Después de que todos los orcos murieran, cuervo y lagarto se pasaron a su estado normal. El fuego que les rodeaba estaba ya apagado. Algunos humanos estaban vivos otros desgraciadamente murieron. Cuervo y Lagarto caminaban hacia la casa principal donde estaba la madre adoptiva.

COMIENZA EL COMBATE

Los humanos de detrás de la puerta oyeron a los orcos gritar. Uno vio la puerta rota, otro se dirigió hacia la casa de los generales humanos para avisar de la invasión. Cuando éste llego y le comento al general lo sucedido el general le preguntó:
- ¿Cuántos son?
- Más de una centena.

El general humano avisó a todo su ejercito y dijo en ese momento:

- Qué nadie se mueva hasta que yo lo ordene. ¡Me habéis oído bien!
- ¡Si, Señor! - Dijeron todos los soldados a la vez.

Sonaron las campanas de guerra y todos los soldados fueron hacia el general Lagarto. Algunos llegaban con los pantalones bajados porque acababan de levantarse de sus camas.

No había tiempo para distracciones. Los apestosos orcos ya habían atravesado la muralla del poblado. Algunos humanos ya habían conocido el sabor de la muerte alimentada con la roja sangre que se filtraba por la tierra. La lucha iba a comenzar y estaba en juego el equilibrio del poder de la península Ikañi. En caso de que ganasen los orcos la península Ikañi se sumiría en un negro manto de poder orco y pronto la epidemia orca podría colonizar todo el mundo.

Los humanos se vistieron rápidamente con las armaduras y cogieron armas bien preparadas por los artesanos y armeros de la corte. Se pusieron en formación miles de humanos frente a las terribles tropas orcas. Esta vez las mujeres humanas también tomaron parte de la guerra, puesto que el futuro de Ikañi estaba en juego.

Sonaron las trompetas y un rugido estremecedor surgió de ambos bandos. Miles de humanos y miles de orcos conocerían la terrible muerte. Los humanos tenían más posibilidades de salir perdiendo en la guerra, puesto que el campo de batalla se situaba junto a sus propias casas. Todos sus hogares quedarían destrozados. Sin embargo, ellos conocían mejor el terreno de los orcos.

Cuando los generales dieron el aviso mediante un grito de guerra las tropas comenzaron a abalanzarse rápidamente y sin piedad. Pronto las espadas comenzaron a chocar unos contra otros. El ruido del acero humano contra el acero orco ensordeció los gritos de la población humana guarecida entre muros.

Mientras, cuervo y su sequito se encargaron de la detestable tarea de arrasar el pueblo humano. Destrozaban casas con espadas y las quemaban con el fuego de las antorchas.

Los habitantes de las casas gritaban mucho entre aquella barbarie. Sin embargo cuervo no sentía ninguna pena, la capa hizo que olvidara su origen.

Llegaron a la última casa de la calle principal. Allí una mujer solitaria esperaba gente a la puerta principal. Cuando vio a Cuervo pronunció su nombre. Cuervo se quedó sorprendido. No conseguía recordar a aquella mujer, sin embargo, intuyó que ella le conocía muy bien. A pesar de estos pensamientos, la capa negra le obligaba a quemar la casa y a matar a aquella mujer.

Diez soldados humanos se interpusieron en el camino de Cuervo.
- Largaos insectos, si no queréis sufrir las consecuencias- Les dijo.
- No nunca nos iremos.- Le respondieron.

Los miembros del séquito de Cuervo dijeron que ellos mismos se ocuparían de los soldados, pero Cuervo no les dejo. Cuervo se cargó a los diez soldados y sin piedad. Al último le clavó la espada en todo el ojo.
- Eso te lo mereces por ser un insecto.
El general Lagarto escuchó a la gente gritando y se pasó por entre las tropas para ver lo que pasaba. Cuervo iba a intentar quemar la casa hasta que apareció Lagarto, el general humano. Lagarto apareció justo a tiempo antes de que quemaran su casa y a su madre dentro. Se fijó bien y al observar un humano entre los orcos dijo:

- Pero quien anda aquí, pero si es el traidor de mi hermano pequeño.

Cuervo dijo que no era su hermano y que el general solo era un patético humano de pacotilla. Acto seguido, Cuervo soltó a su sequito de perros luchadores para que mataran al general.

El general se preparó y dijo gritando:
- ¡Vas a ver mi verdadera fuerza Elfa en mi interior! !Ahh!

El sequito fue a matarle pero Lagarto antes de que le mataran se convirtió en un poderoso elfo. El sequito de cuervo le propinó unos buenos golpes de espada pero a Lagarto no le producían ningún efecto. Lagarto dijo en esa ocasión:

- Hermanito tu sequito da pena. Acabaré con ellos en un segundo.

El sequito de Cuervo rodeó a Lagarto, pero el general mató a todos con su poderosa espada. Lagarto suspiró y sonrió maléficamente de lo fácil que era matarlos. Finalmente, Lagarto volvió a su estado normal de humano. Lagarto era humano pero tenía en su interior una fuerza de conversión de un poderoso elfo legendario. Cuervo se quedó impresionado al ver como se convertía en un elfo, ya que él era humano.

Mientras en la guerra morían orcos y pero las tropas eran interminables, era como si los orcos se construirían por una misteriosa máquina. Los humanos no podían más, algunos pedían refuerzos. Cuervo decía que su fuerza era inacabable. Cuervo y Lagarto luchaban los dos, eran buenos. Los dos gritaron y dijeron:

- Eres bueno Cuervo, eres el único que me hace luchar en serio.
- Ya lo se, y también lo eres, pero... ¡Yo soy mejor!

Un Mesías y un general luchando por Ikañi. El mesías quiere tiranizarlo, pero el general quiere liberarlo.

La mujer de la casa se preocupaba de la vida de los dos, ella se quedó tras la ventana de la casa por su seguridad, pero con la angustia de ver que uno de sus hijos moriría.

Cuervo le dio una patada a lagarto y éste se calló al suelo. Cuervo amenazándole con la espada le dijo:
- Estás acabado. No se quien eres. No se, si en verdad, como tu dices, eres mi hermano pero este es tu final y acabaré contigo.
- Yo soy tu hermano, Lagarto. !ahhhh!

De repente, Lagarto se convirtió en un grandioso elfo legendario. Cuando Cuervo le intentaba clavar la espada Lagarto rápido como un rayo se colocó detrás de cuervo y le propinó un puñetazo que hizo que cuervo perdiera la capa. La capa negra cayó a suelo junto al cuerpo de Cuervo.

Después tres segundos de inconsciencia recapacitó y empezó a pensar y a ser consciente de su situación y de todo lo que había hecho. Lagarto le insulto varias veces para que se levantara y volviera a la lucha. Lagarto vio la capa y notó que había algo en ella que le atraía. Como una voz que le llamaba y le decía que se la vistiera. Tentado por aquella voz se puso la capa, y se dio cuenta de su poder de elfo legendario se sumó al poder de la capa negra.

Cuervo mientras tanto tuvo tiempo de recordar de que estaba en su ciudad natal, y sintió un gran remordimiento de conciencia al ver que todo estaba en llamas. Todo aquello era por culpa suya. Este malestar y enfado provoco que su fuerza se triplicara y dijo gritando:

- ¡Maldita capa, eres la culpable! ¡Lo has puesto todo perdido! ¡Nadie destrozará la casa de mi madre!

Los dos corrían uno contra el otro. Cada cual arrastrando su espada y gritando a muerte.

Cuervo gritaba con fuerza para salvar Ikañi. Lagarto invadido por el poder maléfico de la capa solo quería matar a Cuervo. Los papeles se habían cambiado. Estaban cerca de la muerte. Lagarto levantó la espada antes que Cuervo. Lagarto sonrió porque estaba seguro de que esta vez lo mataría. Sin embargo, Cuervo logró revolcarse por el suelo y le clavó la espada en toda la tripa. Al final se cargó a su hermano. Lagarto calló al suelo desvanecido, había perdido todo su poder de elfo legendario volviendo a su estado normal. Cuervo le quitó la maléfica capa para evitarle el poder oscuro que emanaba y antes de que muriera saco su poción mágica y se la restregó por la herida del vientre. Lagarto resucito.

Entonces, Lagarto y Cuervo bajo un bonito cielo rojo se abrazaron como buenos hermanos. Cuervo le prometió a lagarto que ya no más se convertiría en malvado y nunca ayudaría a los orcos a destruir Ikañi. Lagarto le dijo a su hermano pequeño:
- Nunca nos volveremos a separar hermano.

Y Cuervo le respondió:

- De acuerdo, ahora juntos vamos a destrozar la capa antes de nos cree más problemas.
- ¡Vale! - Dijo Lagarto ilusionado.

miércoles, 16 de abril de 2008

CAPÍTULO VIII: HACIA EL ATAQUE





Cuervo, el Mesías, con su ejercito fue a arrasar la ciudad humana. El capitán formó 20 poderosos batallones. Unos diez eran caballería pesada y lo otros diez eran guerreros con espada. Algunos llevaban ballestas. Todos llevaban caballos marrones y Cuervo también conducía un caballo, pero éste era de color negro. Era un corcel muy especial reservado para los Mesías guerreros.

La caballería pesada cargaba muchas armas y muy bien afiladas y bien trabajadas para el oficio de la guerra. Estos guerreros utilizaban con gran destreza las artes de la ballesta y la espada. Estuvieron entrenando desde la edad de cinco años hasta hoy en las escuelas de lucha de los orcos. Era un ejercito de verdaderos guerreros.

La super espada del gran Mesías estaba muy afilada, pero ésta estaba cubierta de una oscuridad maligna parecida a la de la capa negra.
Su ballesta tenía una precisión extrema, puesto que allí donde se apuntaba la flecha siempre acertaba. Las punta de las fechas que salían de ésta estaban impregnadas con un veneno cuyo secreto de curación estaba bien guardado entre los sacerdotes orcos. Si a un ciudadano se le calvaba en la pierna se moría al instante, porque el veneno circulaba por las venas con gran rapidez hasta alcanzar letalmente el corazón quemándolo y después de un gran sufrimiento para la victima, ésta explotaba.

Hacia el mediodía llegaron a un río cercano del lago rencor. Aquí un caballero pesado fue a beber su agua, porque tenía mucha sed. Otro guerrero fue a mirar el agua y descubrió que ésta se ponía de un color muy colorado: parecía sangre. Observó en su interior un tiburón que merodeaba peligrosamente. Sin embargo, el caballero no pudo reaccionar y en breves instantes el tiburón salió disparado del medio acuoso para zamparse al orco despistado. El animal se veía que estaba poseído por algún gran mago cuya fuerza se desconoce. Éste tenía unos dientes muy afilados y entre ellos había un diente dorado que escupía veneno amarillo. El compañero del guerrero intentó matarle y arrebatarle el cuerpo de su compañero, pero el Mesías dijo gritando:
- ¡Alto! Yo mismo mataré al tiburón, y ya de paso le quitaré su patético diente dorado.

El mesías atravesó el cuerpo del tiburón de un solo puñetazo en la papada.


El Mesias observó que el guerrero era un cobarde y le dijo gritando:

- ¡No me sirves escoria! ¡Tanta fanfarronería y luego nada!
¡Ahora conocerás el filo de mi espada!

Cuervo le asesto un golpe de espada:
-¡Muere!

Le partió por la mitad y le dijo a su ejército y generales que les sirviera de lección a todos que no quería ningún cobardes en aquel grupo.

Todos respondieron al unísono:

- Si señor
Cuervo se reservaba un elixir de la vida para el final de una horrorosa batalla.

El Mesías y su poderoso ejército se alejaron más del lago rencor. Seguían caminando hasta que llegaron a la puerta principal de la ciudad humana. Pero la puerta la protegían dos soldados humanos con dos lanzas, una en cada mano. Antes de entrar en la ciudad humana se escondieron para no hacer ruido y se pusieron en un lugar estratégico para escuchar los movimientos de los humanos. Entonces al Mesías se le ocurrió una idea y se la comunicó a los demás:

- Bueno, tengo una idea, los matamos de noche cuando estén dormidos.
- ¡Vale Señor! Lo haremos a la noche- Le respondieron los soldados.

Dos horas más tarde uno de los guardas de la puerta humanos dijo:
- ¡Jo tío tengo ganas de orinar! ¡Ahora vengo!
- Vale, pero no tardes mucho que esta empezando a oscurecer.
-
El Mesías cogió la ballesta ya que el soldado encargado no estaba en su puesto. La cargó y apuntó a un soldado que estaba protegiendo la puerta y le dijo:

-!Muere bicho feo!- Le dijo lanzándole la flecha y matándolo al instante.

Cuervo se acercó y vio que ya estaba muerto y con su espada le cortó la cabeza. Salpicaba mucha sangre como si fuera una fuente. El soldado que fue a orinar volvió a su puesto y al ver a su compañero muerto y sin cabeza exclamo:
-¡Oh! ¡No! Que diablos pasa aquí. Guar....
El Mesías apareció rápidamente y con su espada le corto la cabeza antes de que pudiera decir nada más. Después él mismo guardo las dos cabezas. Los batallones se acercaron y algunos soldados dijeron:

-¡Jo tío! No les has dejado ni respirar.
- Bueno, para que se enteren de quien soy yo- respondió Cuervo chulescamente.

Los batallones sacaron el ariete para romper la puerta pero el Mesías no llego a darse cuenta y casi le atropellan. El basto ejercito de orcos se propuso echar la gigantesca puerta de madera y hierro abajo. Todos ayudaban a levantar y empujar de aquel ariete de unos 30 metros de largo. Todos menos los generales y el Mesías que dictaban ordenes mientras tanto para organizar los batallones. El Mesías pensaba que era mejor que lo hiciera el solo, puesto que tenía mucha más fuerza que todo el ejército de orcos. Cuando los soldados vieron que era imposible abrir la puerta, cansados se sentaron junto al tronco. Entonces con una maravillosa fuerza cuervo levantó todo el ariete y de un solo empujón abrió la puerta dejando a todos los soldados pasmados.

Entonces grito:

- Vamos para dentro, la masacre va ha comenzar. ¡Uno, dos , tres! ¡Yaaaaaaaaaaaaaaaa!

Los humanos de detrás de la puerta oyeron a los orcos gritar. Uno vio la puerta rota, otro se dirigió hacia la casa de los generales humanos para avisar de la invasión. Cuando éste llego y le comento al general lo sucedido el general le preguntó:
- ¿Cuántos son?
- Más de una centena.

martes, 4 de marzo de 2008

CAPITULO VII: EN BUSCA DEL MESIAS

Cuervo ganó la lucha en la arena del Olimpo. Las pruebas fueron muy duras:
1-. Carrera de 100 metros lisos.
2-. Lucha contra un feroz león.
3-. Lanzamiento de jabalina.
4-. Búsqueda de Objetos perdidos.
5-. Carrera de Cuádrigas.
6-. Carrera de Natación.
7-. Lucha contra el Orco gladiador.

La segunda prueba la hizo especialmente bien. Antes de salir a la plaza se encontraba nervioso. En la plaza se oían gritos del público. Algunos animaban a que ganase Cuervo, y otros gritaban aclamando su muerte. Después de abrirse la verja de su celda, Cuervo solo pensaba que quizás moriría. Se fue al centro de la sangrienta plaza y allí se encontró con rocas y espadas en el suelo. Cuervo cogió una espada y se cubrió detrás de una roca, mientras se escondía miraba atento a la reja.

La reja se estaba empezando a abrir y cuervo se puso más nervioso todavía. El león salió de la reja y empezó a rugir para dar más miedo aún. El público se estaba emocionando y decían:
- Vamos león, acaba con ese elfo casi humano.
Cuervo avanzó para enfrentarse contra el león, y le dijo:
Intentaré acabar contigo aunque sea la última cosa que haga.

Cuervo intentó clavar la espada al león pero un potente rugido suyo se llevo la espada, como el viento se lleva las hojas en otoño. El león se abalanzó y comenzó a arañarle con sus potentes garras. La sangre de cuervo salpicaba hasta el público. Cuervo se cayó a la arena con sangre derramándose hasta el suelo. Dijo:
- ¡Ahh! ¡Estoy acabado! ¡Me duele!, pero no tengo más remedio que acabar con el león por que sino acabará el conmigo.
Entonces, en ese instante, una chica del público le dijo:
- ¡Vamos Cuervo! ¡Tu Puedes! ¡Enséñanos tu verdadera fuerza!
Entonces, Cuervo respondió furioso:
- Puedo hacerlo, acabaré contigo.

Cuervo reaccionó enfureciéndose e intentaba atraer la espada con los dedos de la mano, pero el león se hallaba encima de él con sus patas y garras afiladas encima de su cabeza. Cuervo a penas podía ver la espada para poder atraparla. Hizo un nuevo esfuerzo y al final consiguió coger la espada. La empuño y antes de asestarle un tajo al león le dijo:
- ¡Esta será la última vez que me veas! ¡Muere!

Y se la clavó en la panza. El león quedó sin conocimiento y en un baño de sangre. El público se quedó impresionado al ver un elfo casi humano tener tan poderosa furia y fuerza. Decián que se parecia a un dios humano. Cuervo se preguntó que como era posible que la chica del público supiera su nombre, pero no le dio demasiada importancia y fue a descansar para luego estar preparado para las 5 pruebas siguientes.

Cuervo superó con creces todas las pruebas demostrando su gran valentía y que el era, al fin y al cabo, el gran Mesías esperado por los Orcos. La ceremonia se celebraría por todo lo grande.

Cuervo en la ceremonia comió como no lo había hecho nunca. Tenía mucha hambre. Después del postre los orcos se congregaron en el templo sagrado para realizar la ceremonia de armas con el nuevo Mesías. El gran templo se lleno rápidamente y los murmullos de los orcos fueron desapareciendo. Cuando porfín apareció el gran sacerdote. El templo se sumió en un gran silencio y un coro de orcos comenzó a cantar una melodía tenebrosa. El sacerdote principal, que iba de bata blanca, le dijo a Cuervo:
- Toma tu nueva capa negra Señor Cuervo.
- También te otorgo esta afilada espada.
Cuervo arrodillándose agradeció al sacerdote la capa y la espada.

Entonces el sacerdote hizo una declaración:
- Te nombro caballero mesías Señor Cuervo.

Empezó a oscurecer y un orco le dijo al sacerdote que estaba cayendo la noche y todos se fueron a dormir, incluido Cuervo.

Al día siguiente dos generales Orcos fueron a la habitación de Cuervo para despertarle porque tenía una nueva misión. Como le estaban agobiando para que se despertase lastimando a uno de los militares. Al final Cuervo se despertó, se disculpo por haberle causado aquel daño y el orco le respondió que no pasaba nada.

El militar orco le dijo a cuervo que iba a ir a masacrar la ciudad humana.
El general formó 20 batallones y decía que con eso sería de sobra. Cuervo se puso la capa negra que tenía un poder misterioso y maligno en su interior. Pero él se sentía agusto.

Entonces Cuervo grito a los cuatro vientos:
¡ Vamos a matar a esos patéticos humanos! ¡Vamos ya!

viernes, 8 de febrero de 2008

CAPITULO VI : LA HORRIBLE SOCIEDAD DE LOS ORCOS





El ejercito de orcos, es una complicada organización de un millón de repelentes seres, que quieren acabar con los elfos ,humanos y todos los que se pongan en su oscuro camino. Ellos lo que quieren es gobernar el mundo. También desean encontrar a un ser poderoso cuya su fuerza sea como la de un Dios, es decir, el Mesías de los orcos. Estos horrorosos orcos cazan elfos ,humanos y otras especies de seres para después comerselos o si detectaran entre ellos el Mesías para coronarle rey de los orcos y así conquistar el mundo. Al que se negara ser coronado rey le ponían una inyección letal cuando estuviera dormido, o en la comida. Hay pocos seres en este mundo que puedan ser Mesías, solo los orcos sabrían diferenciarlos. De hecho, una vez al año se hacían unos juegos en los que se clasificaba a los esclavos y se elejía el nuevo mesías.

A los orcos no les gustaba cazar de día por el sol, pero ellos cazaban mas de noche porque se ve menos, y así poder atacar al contrincante. A los orcos les gusta mucho la carne de elfo y de humano, puesto que son tiernas y con buen gusto. Les fastidiaba mucho que un humano pudiera ser mesías puesto que con lo rico que estaba no podrían comerselo.

Los orcos también se divierten en sus casas, con sus hermosas esclavas humanas, que estaban obligadas a hacer sexo con ellos. Si alguna rechazaba copular su amo le ponía una inyección de anestesia y así estos podían violarlas sin utilizar la fuerza. Algunos orcos de lo feos que eran se suicidaban, porque las esclavas nunca deseaban acceder a sus deseos. Estas repugnantes relaciones sexuales hacian de los orcos los seres más despreciables del universo Ikañi. Las mujeres orco también practicaban este tipo de sexo, pero preferian la figura esbelta de los elfos a la de los humanos. Se volvían locas con sus puntiagudas orejas. Los orcos entre si solo se relacionaban sexualmente cuando el maestro de fecundidad les obligaba. Después de nacer se mandaban a escuelas orcas para aprender a luchar y para conocer estrategias de guerra. La palabra Papa y Mama no existía, solo existía la familia del ejercito orco.


Los orcos vivían en casas y ciudades grandes. Entre una de esas ciudades existía una muy grande y redonda llamada el Olimpo, en esta hacían juegos olímpicos. Luchaban y actuaban leones, gladiadores,orcos y payasos. En los juegos olímpicos también luchaban los gladiadores para medir la verdadera fuerza divina, y si uno ganaba se coronaba general para dirigir la guerra de la dominación del mundo.



Todos los años aparecía un mesías nuevo, pero nunca encontraron un gran mesías. Cuando éste apareciese los orcos se lanzarían a luchar contra las demás especies y así poder dominar toda la peninsula Ikañi.

miércoles, 9 de enero de 2008

CAPITULO V

Cuervo se despertó a beber agua, eran las 6:00 todavía. El cielo estaba oscuro con muchas estrellas iluminando el bosque de pinos. El bosque era grande, las hiervas tenían un verde que a pesar de la oscuridad parecía brillar en la noche. El bosque estaba silencioso y a cuervo le parecía extraño que tampoco soplara el viento. Como todavía tenía sueño se volvió a la cueva para dormir otro poco más.

Esa misma mañana se volvió a despertar a las 9:00, y escucho unos ruidos y se empezó a mosquear. Como cuervo no tenía ningún arma para defenderse y se empezó a asustar. Cuervo se escondió en una overtura entre las rocas para defenderse y esconderse de aquella amenaza. De repente, observo a unos seres extraños entrando a la cueva. Los seres que vio eran muy feos, con cuatro orejas en la cabeza y con la nariz muy gorda y peluda. Cuervo observó también su cuerpo y le dio un poco de asco. Tenían dos brazos mutantes y llenos de sangre, seguramente que habían estado cazando alguna presa para comer. En cada mano tenían siete dedos. Cuervo supuso que eran Orcos por la descripción que alguna vez le oyó a su madrastra.

A Cuervo le empezó a picar la nariz y sin poder evitarlo estornudo fuertemente. Tras el ruido, uno orco le comentó al otro:

-¿Qué ha sido ese ruido?

El otro orco le respondió al instante:
- Creo que hay alguien escondido aquí dentro. Ya sabía yo que mi olfato no estaba equivocado.

Cuervo estaba rodeado. No tenía salida, así que se rindió y salió de su escondite cuando los Orcos merodeaban cerca de él. Los orcos al verle se quedaron impresionados al ver un Elfo casi humano. Los orcos pensaron en raptarlo para ver que fuerza poseía en su interior. Un orco le tendió la mano, igual que se tiende la mano a un insecto que más tarde será aplastado. Pero Cuervo no temió y le dio la mano izquierda, la más débil. El orco tiró con fuerza de repente y Cuervo reaccionó rápidamente con un puñetazo de derechas en la cara de aquella bestia inmunda. Le dejo completamente KO. Sin embargo, el otro orco también reacciono y pudo golpearle de tal manera que Cuervo se quedó inconsciente.

Esa misma tarde se despertó con un terrible dolor de cabeza y enjaulado tras unos gruesos barrotes de hierro en las afueras de un poblado orco.

- ¿Qué sitio es este?- Se preguntó mirando a su alrededor.

No era el único ser enjaulado en aquel poblado. Elfos, duendes, humanos, enanos y algunos animales fantásticos como grifos y unicornios se hallaban en cautividad, tristes y cabizbajos. La rabia corría furiosa por las venas de Cuervo, solo pensaba en gritar y liberarse de aquel estado. Entonces grito lo siguiente a uno de los Orcos guardianes:

- ¿Es esto lo que se merece la península de Ikañi?. ¡Podridos Orcos! ¡Solo pensáis en el poder y la destrucción! ¡Viva Ikañi libre¡
Pero nadie respondió a su grito de libertad. Nadie levanto la cabeza para observarle. Todos sabían que aquellas palabras eran inútiles en aquel estado. A Cuervo se le estremeció el corazón. Valientes Elfos, aguerridos enanos y fantásticos animales llenos de amargura y desesperación en tan poco espacio.